miércoles, 4 de diciembre de 2013

REPLANTEAMIENTO PEDAGÓGICO


Quien no se haya enterado de que los resultados escolares en España son pésimos es que no ve la televisión, ni escucha la radio , ni lee los periódicos. Porque estos medios de comunicación están repitiendo constantemente la noticia de que nuestros jóvenes alcanzan unos objetivos educativos inferiores a la media europea. Creo que antes de opinar con conocimiento de causa sería bueno darse una vuelta por las zonas metropolitanas de Londres y París para ver como están allí las cosas. No obstante, parece cierto que a la mayoría de los alumnos les gusta poco la Historia. Parece ser que esta materia despierta poco interés entre los más jóvenes; que la estudian, sí; sobre todo en vísperas de exámenes; pero que misteriosamente no recuerdan nada de lo estudiado pocos días después de la prueba escrita. ¿Falta de memoria? No lo creo. Estoy seguro de que si preguntásemos a cualquier estudiante de enseñanzas medias por los contenidos históricos que estudió el curso anterior no sabría contestarnos nada más que vaguedades. Esto es un grave problema. Emulando a Lorca se puede decir que en sus cabezas hay una vaga astronomía de historias inconcretas.
Estableciendo un paralelismo podemos decir que un alumno al cabo de los años sabe los números, sabe operar con ellos formalmente y, en muchas ocasiones sabe aplicar estas operaciones a su realidad inmediata. En Historia no ocurre esto.
Ante esta situación ¿qué sería conveniente hacer? Indudablemente se impone un replanteamiento radical del sistema de enseñanza-aprendizaje de la Historia. Y digo sistema y no método con toda intención, porque no se trata de buscar solamente estrategias metodológicas, si no de mirar el aprendizaje de esta materia desde una nueva perspectiva.
Quizá lo primero que había que hacer es preguntarnos ¿Para qué sirve la Historia? O mejor dicho ¿para qué nos sirve la Historia en nuestras vidas particulares y concretas?
Cuando un arquitecto mide con una regla, sabe para qué le sirve la regla, pero para un joven estudiante ¿Para qué le sirve conocer el contenido del tratado de Verdún? Lo más seguro es que lo ignore.

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