jueves, 12 de diciembre de 2013

LA CUESTIÓN ORIENTAL I

¿Cuánto tiempo permanece una potencia en hegemonía? Unas más, otras menos, otras apenas un instante. A lo largo de los tiempos podemos encontrar ejemplos significativos; Roma permaneció sin rival durante varios siglos en la cuenca del Mediterráneo, hasta que el sector occidental de su Imperio se disolvió como un azucarillo entre cambios económicos, sociales y migraciones humanas.
Cuando la Unión Soviética desapareció disuelta en sus problemas económicos, sociales y políticos en 1991, Estados Unidos quedó como única potencia hegemónica en el mundo. No sabemos si los dirigentes del país americano conocían la Historia del Imperio Romano, o habían leído las Res Gestae de Augusto, pero desde luego, tuvieron una reacción muy semejante a la del primer emperador ante la nueva situación que se presentaba ante ellos; comenzaron a hablar de un nuevo orden mundial. Sin embargo, el término fue públicamente presentado antes de la desaparición de la U.R.S.S., a raíz de los acontecimientos que desembocaron en la denominada Primera Guerra del Golfo.
Fue el presidente George H. W. Bush el que tuvo que enfrentar esta situación en el invierno de 1990-91. Bush "El Viejo", como debería denominársele para diferenciarlo de su hijo, fue muy habilidoso al conseguir organizar una coalición internacional compuesta por 31 Estados; entre los que se encontraban Francia, Reino Unido, Canadá, Australia y Arabia Saudita. Cabe destacar la ausencia en esta coalición de Alemania y Japón, los dos grandes derrotados de la Segunda Guerra Mundial. El otro gran ausente era, por supuesto, la Unión Soviética. 
En aquel tiempo la U.R.S.S. callaba. En realidad no podía hacer otra cosa, pues pasaba por un momento dificilísimo, marcado por una profunda crisis económica y una gran agitación política en la cumbre de las instituciones del Estado; tanto es así, que pocos meses después de haber acabado la guerra, desapareció tras un intento de golpe de Estado. 
Bush "El Viejo" habló de un nuevo orden, pero no lo definió en absoluto; lo más que llegó a decir fue que el Nuevo Orden encontraba su razón de ser en la expansión de la democracia por todo el mundo; idea imprecisa y vaga si se analizan individualmente los regímenes democráticos desde un punto de vista individualizado y las relaciones entre ellos. Pero Bush quedó satisfecho con aquellas declaraciónes, que junto a la retórica de la libertad parecían justificar la supremacía de Estados Unidos en el mundo, estableciendo de manera formal a esta potencia como directora de Estados y guía de la humanidad.
Pero, como afirman algunos sabios, en el origen se incluye todo, porque, en efecto, fue la situación en Próximo y Medio Oriente la que minó incansablemente las posibilidades de maduración de aquel Nuevo Orden. Después de la Primera Guerra del Golfo vino la difícil Guerra de Afganistán, y después la cruenta y brutal Segunda Guerra del Golfo.
Veinte años después de la proclamación del Nuevo Orden Mundial Estados Unidos ha abandonado este concepto absolutamente. Es más, si ningún cambio imprevisto lo impide, se verá obligado a abandonar la hegemonía en todo el continente asiático. En realidad se trata de dejar Oriente porque ya no se puede mantener como región subordinada.
Y el espacio que se abandona, inevitablemente es ocupado por otros que lo desean. Los tres grandes candidatos son Rusia, China e India. Desde luego que Estados Unidos planea una retirada ordenada, algo muy lejano de una vergonzosa huída, demostrando que aún es la gran potencia. Si saben retirarse a tiempo habrán demostrado que poseen en realidad la sabiduría de los grandes, que no son esa nación de ingenuos como afirman quienes pretenden ofenderles.
Lo trágico es que el vacío de poder será disputado básicamente por tres potencias que tendrán dificultades para llegar a acuerdos entre ellas. Tienen una característica común, que las tres son sociedades en proceso de rápido cambio, lo cual empeora la situación, si cabe. Las tres son además potencias nucleares que deben tener sumo cuidado al realizar sus movimientos estratégicos. Por otra parte, al menos una de llas, China, es una gran incógnita, pues parece difícil que pueda permanecer durante mucho tiempo sin realizar profundas reformas políticas que permitan la participación de los ciudadanos en los asuntos de gobierno.
Finalmente queda Europa, próxima a este escenario geoestratégico y sin un rumbo claro en lo interior y lo exterior, sin tan siquiera hacerse ningún planteamiento sobre el asunto y construir un proyecto que tenga la adhesión de los ciudadanos.

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