martes, 10 de diciembre de 2013

EL MIEDO DE EUROPA

Continuando con el tema anterior, podemos hablar del fracaso de la sociedad europea. Desde luego, ha habido en la Historia otros ejemplos de derrumbe catastrófico de estructuras políticas, sociales y económicas como la europea. Salvando las inmensas diferencias, también podríamos quedar sorprendidos al contemplar la caída estrepitosa del Califato de Córdoba, es decir, de aquella sociedad que vino a denominarse Al-Andalus. Aquello fue quizas más brutal, pues en unos treinta años desapareció absolutamente una de las construcciones políticas y culturales más asombrosas de la humanidad. Europa quedó devastada cuando se encontraba en su apogeo, y los europeos parecen no haberse dado cuenta.
Por supuesto, la aversión de la sociedad europea actual a mirarse en el espejo es su mayor problema. Por esa causa es fácil ver a los ingleses envolverse en su harapienta capa imperial o a los franceses levantar la barbilla y tararear la Marsellesa cuando se cruzan con alguien de otro país. Los más preocupantes son los alemanes, que hacen como si la Historia del Siglo XX no fuese con ellos, o como si Alemania hubiese surgido del mapa hace tan solo un par de décadas. No obstante, yo diría que el caso más aterrador es el de España, una sociedad que odia furiosamente su propia Historia.
Todos estos son síntomas de una sociedad que tiene miedo a mirarse de frente a sí misma. No es fácil reconocer que uno ha fracasado, aunque hacerlo sea un signo de madurez. Quizás el problema de Europa es que le sobrevino el fracaso cuando aún era adolescente; y decir esto hará sorprenderse a muchos, pues casi todos consideran a Europa como una sociedad envejecida, poseedora de una cultura milenaria. Nada más alejado de la realidad, ya que los europeos se comportan a menudo como unos jóvenes inexpertos. Lo peor es que no han comprendido que hay otras civilizaciones que también pueden exhibir una cultura milenaria, pero que poseen una vitalidad infinitamente superior a la que muestra hoy en día la "vieja" Europa.
Reconocer que hubo un momento en que nos equivocamos y nos vimos arrastrados a nuestra propia destrucción y consecuente postergación es muy sano, pues así tendremos la posibilidad de renovarnos. Es por ello, que el centenario de 1914 nos brinda la ocasión de repasar nuestra Historia reciente y aprender de lo que nos ocurrió, en lugar de tener miedo de ello y eludir nuestra responsabilidad histórica en el pasado y en el futuro.

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